La historia de la canción Caruso

11.03.13 - Hace mucho tiempo que tengo guardado este post, y nunca encontré el momento oportuno para publicarlo. Creo que hoy es un buen día.

Es una hermosa canción de amor, de entrega y de muerte. Y si a esta obra, que se acerca mucho a la perfección, le agregamos a la voz del autor, la del genial Luciano Pavarotti, la pieza roza lo perfecto.

Enrico Caruso (nació en Nápoles el 25 de febrero de 1873 y murió el 2 de agosto de 1921) fue un tenor italiano, siendo el tenor más famoso del mundo en la historia de la ópera, y para muchos el mejor. Caruso fue también el cantante más popular en cualquier género durante los primeros veinte años del siglo XX y uno de los pioneros de la música grabada. Su gran éxito de ventas y una voz extraordinaria, aclamada por su potencia, belleza, riqueza de tono y técnica superlativa, lo convierten en el más grande cantante masculino de ópera de la historia.

La primera y original versión de esta canción fue escrita y cantada por Lucio Dalla, que dedicó esta canción a Caruso después de haber estado en Sorrento y haber quedado impresionado por la belleza de esta ciudad.

A Lucio Dalla se le estropeó el barco y en Sorrento solo había disponible el lujoso apartamento en el Grand Hotel Excelsior Vittoria, donde Caruso vivió los dos últimos meses de su vida y donde se conservaban intactos sus libros, sus fotografías y su piano.

Angelo, que tenía un bar en el puerto le contó esta historia y él nos la regala con música. Caruso estaba enfermo de cáncer en la garganta y sabía que tenía los días contados pero eso no le impedía dar lecciones de canto a una joven de la cual estaba enamorado. 

Una noche de mucho calor no quiso renunciar a cantar para ella que lo miraba con admiración, así que, aún encontrándose mal, hizo llevar el piano a la terraza que daba al puerto y empezó a cantar una apasionada declaración de amor y sufrimiento. 

 

Su voz era potente y los pescadores, oyéndole, regresaron al puerto y se quedaron anclados bajo la terraza. Las luces de las barcas eran tantas que parecian estrellas o quizás las luces de los rascacielos de Nueva York.

Caruso no perdió las fuerzas y siguió cantando sumergiéndose en los ojos de la muchacha apoyada al piano. Esa noche su estado empeoró. Dos días más tarde, el 2 de agosto de 1921, moría en Nápoles.

Esta canción narra el drama de esa noche, con luces y sombras del pasado, con muerte y vida. Un testamento de amor. Este fue su último concierto y este fue su excepcional público: el mar, las estrellas, los pescadores, las luces de las barcas y su amada.

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